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Botí y sus maestros

Del 9 de enero al 18 de febrero 2001

La conmemoración en el año 2000 del centenario del nacimiento del artista cordobés Rafael Botí proporciona la oportunidad de llevar a cabo una exposición en la que figura una selección de la obra de este artista en compañía de la de sus maestros, que fueron muy decisivos pintores en el arte de nuestro siglo XX. Quien la visite tendrá la ocasión de percibir cuadros importantes que reflejan los cambios acontecidos durante casi un siglo de nuestra trayectoria artística.

Rafael Botí nació en Córdoba en agosto de 1900 y estudió dibujo con Julio Romero de Torres en la Escuela de Artes y Oficios y en el Conservatorio de Música de esa capital andaluza. En 1917 se trasladó a Madrid donde prolongó sus estudios en el Real Conservatorio Superior de música y en la Escuela de San Fernando. A partir de 1919 conoció a Daniel Vázquez Díaz quien por esas fechas trajo a Madrid los aires de renovación artística procedentes de la vanguardia parisina.

De quienes fueron sus maestros en Córdoba y en Madrid puede decirse que ocupan un lugar muy importante en la Historia del Arte español en dos momentos sucesivos del siglo XX. Aunque Julio Romero de Torres solía estar emparentado con la pintura regionalista, en tiempos muy recientes se ha señalado su identificación con el modernismo o simbolismo. En cuanto a Daniel Vázquez Díaz bien puede ser caracterizado como padre de la vanguardia española e introductor de los nuevos vientos artísticos procedentes de París.

Botí dejó bien clara a lo largo de su vida su relación con los otros dos pintores. De Romero de Torres dijo haberle conocido "mientras llegaban los profesores (del Conservatorio de Música) veía los cuadros aumentando mi afición a la pintura y mi deseo de ser pintor. Luego, con más conocimiento de causa seguí admirando la obra de Don Julio, que a su elegancia y su simpatía unía su sencillez". Algunos de los jóvenes de su generación, que estudiaron con él y que fueron testigos de primera fila de la popularidad de Romero de Torres, afirman haber cambiado de posición hacia él en una actitud de rectificación y reconocimiento.

De Vázquez Díaz, Botí dijo que cuando le conoció, "nadie nos lo había recomendado y sin embargo allí (junto a él) coincidimos muchachos de todas las provincias españolas". Era el artista militante en suelo hispano", es decir, el que traía un mensaje capaz de romper con la cruel indiferencia de la mayoría por las novedades estéticas". En medio de una sociedad indiferente a toda manifestación artística -añade Botí- para los que tuvo en su entorno fue "un maestro cuyas recetas eran la cordialidad, el entusiasmo, la pasión por todo lo plástico y el fraternal esfuerzo por descubrir en cada uno de ellos lo que tenían que decir". Fue, además, "el gran ordenador del arte español" a partir del momento de su regreso de París, el que establecía la distinción entre lo nuevo y valioso y lo viejo y periclitado. Además "como ser humano era un hombre sencillo, divertido, gran conversador, trabajador infatigable, con una enorme capacidad de imaginación y fantasía y amigo fiel de sus amigos". La relación de Botí con éstos fue por tanto de discipulazgo.

Esta exposición consta de veinte cuadros de cada uno de los pintores y permite dar a conocer al público tres figuras importantes de la pintura española de principios del siglo XX, sus similitudes y diferencias.

CRÉDITOS DE LA EXPOSICIÓN

Comisario: Javier Tusell

Organizada y patrocinada por: Diputación de Córdoba, Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí, Ayuntamiento de Córdoba y Caja Sur

En colaboración con: Junta de Andalucía, Consejería de Cultura.