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Libertad de información en Europa. La anomalía italiana y su contagio

Martes 28 de junio de 2011

La ASOCIACIÓN DE PERIODISTAS EUROPEOS organiza
un coloquio en la FUNDACIÓN CARLOS DE AMBERES

LIBERTAD DE INFORMACIÓN EN EUROPA LA ANOMALÍA ITALIANA Y SU CONTAGIO

 

Lugar:

Fundación Carlos de Amberes C/ Claudio Coello, 99.

Fecha:

Martes 28 de junio

Horario: 17:00 h.
Participan: ROBERTO NATALE, Presidente de la Federación italiana de Prensa
GIUSEPPE GIULIETTI, Portavoz de la Asociación ARTICOLO 21
MARCO CALAMAI. Escritor y periodista italiano
JOSE MARÍA RIDAO. Escritor y periodista de “El País”
MIGUEL ÁNGEL AGUILAR. Secretario General de la Asociación de Periodistas Europeos
Organiza:
Asociación de Periodistas Europeos - www.apeuropeos.org

 

¿Hay libertad sin prensa? ¿Hay prensa sin libertad?

La libertad de prensa en Europa no atraviesa por su mejor momento. No se puede decir que sea una constante en todo el territorio europeo, pero algunos países insisten en dificultar la tarea de sus periodistas, tendiéndoles todo tipo trampas. Cuando no es la enésima ley mordaza se trata de amenazar a un periodista desafecto. Y cuando no es ni lo uno ni lo otro, entonces se trata directamente de comprar los medios de comunicación menos afines con el gobierno de turno. En estas condiciones queda claro que algo tan sencillo como formular preguntas para que sean respondidas puede entrañar graves riesgos, desde la pérdida del puesto de trabajo, al arresto. Y hasta la vida. Es el caso de países, como Italia, que ha degenerado en una república anómala en el corazón de Europa, en palabras del periodista Roberto Saviano. El propio Silvio Berlusconi ha llegado a decir que la libertad de prensa no es un derecho absoluto, sentando, quizás, el precedente perfecto para que la Hungría de la presidencia europea se atreva con una ley que deja en manos de las autoridades decidir, con un margen de interpretación descaradamente amplio, las informaciones que atentan contra el interés público y las que no.

Pero los periodistas europeos no se resignan a trabajar bajo la incertidumbre, la coacción, la amenaza o la extorsión constante. Exigen su derecho a desempeñar su trabajo con la dignidad que debería ser inherente a una Europa respetuosa con sus propios ciudadanos y con sus propias libertades; en definitiva, a trabajar en un régimen de verdadera normalidad democrática.