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FUNDACIÓN

Nuestro Rubens

Nuestro Rubens El cuadro de Rubens parece representar este preciso momento en que el santo afligido de dolor mira al cielo. A sus pies, los verdugos, por orden de Egeas, a quien vemos montado a caballo, tratan de desatarlo, pero tan pronto como tocan las cuerdas sus manos y brazos quedan paralizados. Algunos seguidores del apóstol tratan también de desatarlo, pero éste se lo impide, declarando la oración que comenzaba con las siguientes palabras: “No permitas, Señor, que me bajen vivo de aquí. Ya es hora de que mi cuerpo sea entregado a la tierra”. Tras pronunciar estas palabras, el crucificado quedó envuelto por una luz misteriosa venida del cielo, “que ofuscaba la vista de los presentes y les impedía fijar los ojos en él”. Al finalizar su oración, el apóstol murió. Maximila, esposa de Egeas, se hizo cargo de su cuerpo, enterrándolo piadosamente. Mientras tanto, Egeas cuando se dirigía de regreso a su casa, fue asaltado por el demonio en plena calle y en presencia de un numeroso público murió repentinamente. 

Se trata de una obra maestra absoluta del período final de Rubens, terminado de pintar sólo un año antes de su muerte. En él, el flamenco, en pleno dominio de su arte, da rienda suelta a lo mejor de su paleta colorística inspirada en las pinceladas libres, sueltas y luminosas del veneciano Tiziano, a su gran maestría compositiva, dinámicamente barroca, a la vez que de gran claridad narrativa, y al juego de expresiones y gestos que lo hicieron famoso en toda Europa.


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